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Epístola a Gladys Basagoitia
Gaviota lila Me despertó el eco de tu voz
Tu franca misiva esmeralda
La síntesis lúcida de los avatares y desventuras
Los ciclos de tu larga estancia en Italia
Tu salud cardenal Tu cuerpo vulnerable
Tu alma sensitiva Esa lánguida caída
Que vivimos las escritoras mujeres
Del llamado Tercer Mundo
Los hijos y la hijas Los amores invencibles
Los mitos Las ausencias inauditas
El instante que todas las féminas temen
Los afectos platónicos Las amistades intensas
El rapto de la luna El destino ilegible
Los recuerdos bajo el Puente y la Alameda
Cantando valses junto a César Calvo y Chabuca
Rodolfo y tú me llevaron al bar Negro Negro
De la Plaza San Martín, corría el año 1964
Escuchamos blues y versos irreverentes
Tus labios llenos de céfiros Las mejillas rosadas
El sudor inmaculado y los chilcanos de pisco
Impedimos pisotear a la rosa y al jazmín
Ese pensarnos laguna o manantial
Mariposas ambarinas sobre la tierra
Defendiendo a las mujeres carbonizadas
A las sin nombre A las presas políticas
A las heroínas sin miedo
A Tomasa Tito y Micaela Bastidas
A Consuelo García Santa Cruz
A Lucero y Juana / A las NN
Nuestro ebrio sexo de orquídea duerme
Nuestros fatigados pies desnudos
Hoy descansan a la orilla del abismo
Nuestras cabezas altivas resisten
Entre el alba dorada y el rocío
Esta tarde estamos quietas y apacibles
Sobre un navío oscuro
Sobre el mar Negro
Entonando un jazz que se ahoga
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